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  • Writer's pictureTomás Moggia Cárdenas

Un Refugio para reencontrarse

A principios de julio, diversos grupos de natación en aguas abiertas de la región de Valparaíso se unieron para organizar una actividad en torno al Refugio Marino de Zapallar. Casi 130 mujeres se dieron cita en el agua para reconectarse con ellas mismas y con este ecosistema desde otras miradas y perspectivas.


La comunidad de mujeres que se reunió en el Refugio Marino de Zapallar. Crédito: Las Chungungas.
La comunidad de mujeres que se reunió en el Refugio Marino de Zapallar. Crédito: @dientedeleonprod.

“El amor es la fuerza que protege a lo que vive, y nosotras debemos hacer aparecer nuestro refugio colectivo y salado para que sea amado en su existencia vital y sanadora. Aquí estamos refugiándonos en este universo acuoso, colaborando a su cuidado y encontrando en forma cíclica nuestros procesos”.


Extracto de R E F U G I O, Por Paula Letelier.




El reloj marca las 9:30 horas. Es una mañana fría, pero el sol poco a poco comienza a asomarse detrás de los verdes cerros que parecen convertir a Zapallar en un anfiteatro natural. Abajo, en la playa, decenas de mujeres comienza a reunirse. Han llegado desde distintos lugares y provenientes de 15 grupos de natación en aguas abiertas de la región de Valparaíso. Desde Viña del Mar y Las Cruces. Desde Papudo y Zapallar. Desde Maitencillo y Concón. En parte, todas han llegado hasta aquí con un mismo propósito: encontrarse (y quizá también reencontrarse) en y con el mar, en las aguas del Refugio Marino de Zapallar.


Son casi 130 mujeres las que ahora pisan la arena. Juntas hacen un gran círculo, y en el centro despliegan un lienzo confeccionado de manera colaborativa y en el que se lee R E F U G I O. En la escena hay un solo hombre: Sergio Veas. Como anfitrión, el presidente del Sindicato de Pescadores de Caleta Zapallar está allí para contar la historia detrás del Refugio Marino de Zapallar inaugurado a fines de 2021, por qué es importante cuidarlo y el valor que tiene una actividad como ésta, que celebra la conservación de este espacio colectivo.


Tras la lectura de un cuidado texto elaborado y narrado por Paula Letelier, y luego de una breve charla de seguridad, como en una procesión las mujeres comienzan a caminar a paso firme, con una felicidad desbordante, hacia el muelle. Allí, una a una van ingresando al agua. El mar las acoge, por más que a ratos las aguas parezcan un tanto agitadas. A veces cuesta coordinar a la multitud, pero aun así se logra capturar el instante, y el lienzo que dice R E F U G I O se extiende sobre las aguas del Refugio Marino.


Después viene el momento del juego. De nadar, de patalear, de reír y quizá hasta de llorar. La vida misma parece contenida en apenas unos breves minutos. Poco más tarde, ya de regreso en tierra y con ropa seca, las mujeres se reúnen al calor de las conversaciones, del compartir un desayuno-almuerzo bajo un sol que abriga sus corazones.


Un poco de historia


El origen de esta actividad se remonta a alrededor de un año atrás, cuando la fotógrafa peruana Ana Elisa Sotelo convocó a diversos grupos de nado de mujeres de Chile para realizar un registro fotográfico. “Ese fue un empuje para seguir haciendo este tipo de iniciativas, porque nos dimos cuenta que era un espacio que necesitábamos como mujeres. Sentirnos en un espacio seguro en el agua, contenernos y sostenernos”, cuenta Javiera Espinoza, integrante de Las Chungungas. “Hay muchas mujeres interesadas en participar. Sienten que es un espacio que necesitan y donde a lo mejor de alguna forma se van sanando de sus propios procesos, se van cuidando”, agrega.


“El mar es de todos, y el océano a su vez es generoso: entrega productos, regula el entorno, sostiene la vida sobre la Tierra… Pero uno de los grandes regalos que nos hace el mar es brindarnos espacios de esparcimiento en los que los seres humanos podemos desarrollarnos y encontrarnos, lugares donde construimos cultura. En actividades de este tipo se hace evidente eso, el mar es un espacio donde podemos compartir en comunidad”, complementa Catalina Mekis.


Esta fue la segunda vez que se llevó un lienzo con un mensaje. La primera había sido para el 8M. En esta ocasión, cada letra fue confeccionada con retazos de tela por los distintos grupos de nado en aguas abiertas que participaron en la actividad. “El concepto utilizado abarca tres dimensiones que están relacionadas: tiene que ver con el Refugio Marino; con el mar como refugio para nosotras; y el refugio que construimos entre nosotras también, porque entre todas nos cuidamos, y así entre cada grupo se crea un refugio”, explica Paula Letelier.


“Estas experiencias transformadoras generan momentos de gratitud, y se produce también una coexistencia con ese hábitat. Luego de esas experiencias lo único que quieres es cuidarlo y cohabitar de una manera más armónica”, añade Javiera Espinoza.


De esta manera, el Refugio Marino establecido por el Sindicato de Pescadores de Zapallar en alianza con la Fundación Capital Azul sigue abriéndose a la comunidad, incentivando una reconexión con estos espacios desde otras miradas y perspectivas, y fortaleciendo el tejido social. Este nivel de involucramiento de la comunidad, de diversos actores y cohabitantes, fomenta no solo la conservación y restauración del océano, sino que también de cada una de las partes que conformamos el ecosistema marino-costero.


Fue en parte eso lo que motivó a Carmen Gloria Andrade a participar en la organización de este evento: unir a la comunidad en torno al deporte y el mar. Habitante de Papudo, el año pasado conformó el grupo Nademos Juntos tras percatarse que había muchas personas que nadaban solas, e incluso algunas que habían dejado de meterse al agua por miedo a nadar solas.


Hoy, ese colectivo de cierta forma también ha pasado a convertirse en una pequeña comunidad en torno a la natación en aguas abiertas, reuniendo a niños, niñas y personas de hasta 70 años. Ya sea para nadar, flotar, tirarse un piquero o entrenar con fines competitivos, simplemente basta con juntar a dos personas para hacer de Nademos Juntos una realidad. Carmen Gloria sueña con replicar con mayor fuerza este tipo de actividades en torno al Refugio Marino y así transitar hacia una nueva cultura oceánica.


“Me parece importante que la comunidad, que al menos las zonas costeras, los pueblos costeros, estén enterados sobre los Refugios Marinos, no solo los pescadores. Todo el mundo sabía que ese día estábamos ahí por el Refugio Marino”, sostiene, recalcando la importancia de ir uniendo y entrelazando a distintas comunidades y grupos, incluyendo a quienes practican SUP, kayak y apnea. “Al final -afirma- es generar comunidades marinas, comunidades acuáticas. Es generar cultura de mar”.




Video editado por Paula Letelier @paulabordadora.


Algunos de los grupos de natación en aguas abiertas que organizaron y participaron en esta actividad:


Tummo Lafken

Club Aguas Abiertas Concón

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